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Hacia la estación de Finlandia. Edmund Wilson. RBA. 2011

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Cultura


Hacia la estación de Finlandia. Edmund Wilson. RBA. 2011

Mario Vargas Llosa en su articulo en El PAIS de 2 de agosto rescata un autor, Edmud Wilson y un libro (To the Finland Station) escrito en 1940, que tuvo una ultima edición en 1972, reproducida en 2011 en la que incluyo un nuevo prologo para observar desde la distancia los acontecimientos históricos que llevaron a Lenin a iniciar desde la estación Finlandia lo que era el sueño de muchas personas y se convirtió en pesadilla totalitaria no mucho después.

Wilson nacido en 1895 fue básicamente un escritor erudito ya como narrador, poeta, novelista o historiador. Tambien como muestra en este libro fue un filosofo al tiempo que economista. Sus crónicas en la prensa norteamericana son históricas por el rigor de la critica y de los planteamientos conque las realiza. Ciertamente como señala Vargas Llosa la buena literatura es siempre subversiva y permanente motor de cambio social.

Wilson, estudiante en Princeton, participo en la primera guerra mundial y fue compañero de la “generación perdida” de sus amigos Scott Fitzgerald, Dos Passos o Faulkner, viajo en 1936 a la URSS siguiendo la estela de John Reed y Max Eatsman, por lo que sus simpatías iniciales eran de ilusión por una nueva forma de vida que parecía se esta llevando acabo en el antiguo imperio ruso. Como ahora sabemos aquello era una representación idealizada que no correspondía a la realidad.

Sin embargo, Wilson en el nuevo prologo de 1972 no arremete contra la idea general del libro. Textualmente sobre Marx y Engels señala que no tiene nada que añadir a lo ya analizado sobre su papel de pensadores socialistas. Tampoco sobre los revolucionarios y pensadores franceses Michetet, Renan, Taine o Anatole France, sobre los socialistas utópicos como Saint-Simon, Fourier y Owen. Considera que el cambio social es posible y que los sueños pueden hacerse realidad.

De la “generación perdida” el tiempo le lleva formar parte de la “liga de las esperanzas perdidas” que posiblemente acoge a gran cantidad de personas. Ya en la primera pagina del nuevo prologo señalaba: “la verdad es que fuimos bastante ingenuos. No tuvimos en cuenta que la nueva Rusia iba a conservar muchas de las características de la antigua: la censura, la policía secreta, el desorden originado por una burocracia incompetente y una autocracia brutal y totalitaria. El libro reconoce mi parecer de que la Revolución represento un importante paso adelante en el camino del progreso, que se había producido una ruptura fundamental y que nada de lo que afectaba a la historia del hombre volveria a ser igual. Pero no sospeche que la Unión Soviética pudiese convertirse en una de las tiranías más odiosas que jamás han existido, y que Stalin pudiera llegar a ser el más cruel y carente de escrúpulos de todos los despóticos zares rusos. Por tanto, este libro debe leerse como un recuento básicamente histórico de lo que los revolucionarios creían que estaban haciendo en aras de “un mundo mejor”. Sin embargo, algunas modificaciones y correcciones deberían hacerse aquí para rectificar lo que fue en mi parte un sesgo demasiado esperanzador. Eso es permanentemente valioso - lo que sea que ello implique - en la Revolución de Octubre y que no pretendo estimar”.

Murió poco después de editar este nuevo prologo, y el fracaso de la revolución soviética no le desanimo en la idea esencial. Combatió la guerra de Vietnam con la misma convicción que defendió en su época a Sacco y Vanzetti, pero como señala Vargas Llosa será recordado por su formidable reputación como critico e impulsor de un lenguaje moderno.

De su vasta producción todavía se puede encontrar el libro de lumen donde Aurelio Major recogió lo que puede considerarse la mejor antología de su obra, ensayos, reseñas criticas y cartas con amigos en casi 1.000 densas paginas. P20

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