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The Rolling Thunder revue. Martin Scorsese. Netflix. 2019

OMAU - Málaga

Cultura


The Rolling Thunder revue. Martin Scorsese. Netflix. 2019

El retorno al circo de mascaras y diversión que fue la primera parte de la gira de Bob Dylan de 1975 denominada Rolling Thunder (la segunda fue con un formato más clásico en 1976) nos vuelve melancólicos, y nos hace pensar en todo lo que perdimos desde entonces, cuando acababa la década de los años sesenta que empezó en 1965 y termino precisamente en 1975. Lo que vino después, cochambre incluida, ya no fue nunca igual. Aunque Dylan dice no recordar nada, y que aquellos recuerdos son cenizas. Pero lo dice hablando a la cámara sin mascara, con lo cual posiblemente este simulando.

La simulación es el hilo conductor de la narración de la película de Scorsese, a veces es difícil diferenciar lo que fue realidad o lo que fue un sueño. El acto de magia que inicia la película, con la inserción de la desaparición de una mujer en el celebre truco de Melies, se repite constantemente con el juego de mascaras y caras pintadas que lucen los protagonistas de la Rolling Thunder, especialmente Dylan en un claro homenaje a los Niños del Paraíso de Marcel Carne, donde los funambulistas, titiriteros y trúhanes campan a sus anchas.

La realidad como asunción de lo cierto, pero también de lo falso, se inicia con las declaraciones de Richard Nixon sobre la grandeza americana en el país de las oportunidades en un momento en que la crisis económica azota a Estados Unidos. Poco después dimitiría precisamente por mentiroso.

Maravillosas las secuencias de los desfiles civiles con motivo del 200 aniversario de la independencia americana, mientras Dylan canta Mr Tambourine Man con una letra que refleja los desengaños cotidianos (¿se puede traducir todavía MR Tambourine Man como señor de la pandereta, no era el camello a quien llamaba para que la facilitara productos para poder dormir?

Scorsese que hace catorce años había realizado el documental sobre el Dylan de 1966 No Direction Home ( a partir precisamente de un film inacabado del propio Dylan y Pennebaker, Eat the Document), y en 1976 el concierto final de The Band también con Dylan, recupera la imágenes que Bob Dylan grabo en  un frustrado film de esta gira, Renaldo y Clara, y les da una narración precisa con los comentarios actuales de un Dylan que hacia más de 10 años que no tenia presencia publica, (excepto en los conciertos de la gira interminable), Joan Báez, Saron Stone, Scarlet Rivera o gente ya fallecida como Sam Shepard, Allen Ginsberg o Rubin Carter el boxeador que dio nombre a Hurricane (Desire 1976).

Sin embargo, no hay ninguna referencia al film de Dylan del que evidentemente están tomadas las imágenes de la película, en una nueva boutade realidad-ficción, muestra un extraño personaje, Von Haselberg, como el director contratado por Dylan en 1975, cuando en realidad nunca existió, pero Scorsese, Dylan y otros participantes se hacen eco de estas divertidas invenciones.

El comienzo de la película de imágenes mágicas, y de ficción, de representaciones falsas, (no en balde en los títulos de crédito finales Scorsese mantiene los personajes que cada músico interpreta en el film original de Dylan) se acelera con las leyendas urbanas que los propios protagonistas se encargan de avivar. La violinista Scarlet Rivera relata la famosa leyenda urbana de como conoció a Dylan en plena calle y la invito de bares, acabando a las 6 de la mañana tocando con Mudy Waters. Desde la actualidad una esplendida Sharon Stone recuerda que con 19 años fue al concierto con su madre, tenían problemas para acceder y el propio Dylan las rescato. A los dos días, ¿ey Kiss! Dylan la invito a unirse a la gira, lo que Stone no dudo (una noche Dylan le engaño- ¿o con mascaras no hay engaño? - y le toco al piano Just like a Woman diciendole que la acababa de componer para ella, lo que hizo llorar a la joven Stone. Poco después T Burnet le aclaro que la canción de Blonde on Blonde tenia 10 años). El propio Dylan recuerda esos momentos, al igual que otras circunstancias que comenta con sarcasmo y lucidez.

En los ensayos iniciales una joven Patti Smith canta e improvisa un poema en el que se equivoca y vuelve a comenzar como en la entrega del premio Nobel en Estocolmo. Allen Ginsberg tiene una presencia destacada en toda la gira, y es esplendida la secuencia donde él y Dylan recitan poemas de Kerouak sentados frente a su tumba.

En una secuencia bastante emocional Báez y Dylan repasan lo que pudo haber sido diez años antes y no fue por la llegada de Sara Lowles. Es una bella y emotiva escena de dos jóvenes de 34 años que en la actualidad tienen casi 80.

Como señala el dramaturgo Sam Shepard que hizo la crónica de la gira (Rolling Thunder, con Bob Dylan en la carretera, Anagrama) aquellas actuaciones en locales de mediana capacidad (que supusieron una frustración para los empresarios, motivo por el que la segunda parte que no narra la película se hicieran en grandes estadios) tenían un importante nivel de cercanía e incluso dialogo con el publico. Además de Dylan, actuaban otros músicos que formaban parte de la banda fija o que se sumaban en determinados momentos al circo, Joan Báez, Joni Mitchel, Richi Havens, Arlo Guthrie, o Roger McGuinn. El grupo base lo formaban aparte del propio Dylan, Mick Ronson a la guitarra (todavía con el corte de pelo que llevaba poco tiempo antes cuando tocaba con Bowie), Bob Neuwirth, T Bone Burnett, Steve Soles, Bob Stoner, Scarlet Rivera, Howie Wyth, y Ronne Blakley. Cada músico tenia su pequeña actuación y colaboraban con las demás por lo que cada concierto podía durar unas cuatro horas.

El guitarra T-Bone Burnett recuerda: “nos divertíamos más de lo que permite la ley. Mucho más. Había escritores con talento por todas partes. Era un autobús repleto de músicos y cantantes y pintores lanzado a toda marcha a latas horas de la noche, alimentados con petas colombiana y otras cosas, haciendo una película, escribiendo canciones y tocando. Vean la versión de Isis. Comprueben como lee Dylan “if you want me to, yes” (si me quieres así, sí). A mi aquello me basto. Ese “sí” lo encerraba todo. La alegría, la sorpresa, la rabia, la lujuria, el gozo, el asombro, la cuasilocura de toda la gira”

Cuenta Sam Shepard en la crónica señalada de la gira que en un motel de carretera donde se alojaron, había un numeroso grupo de ancianas pasando unas vacaciones de invierno de las que se hace referencia en las imágenes de la película. La banda intenta animar musicalmente a el ambiente sin mucho éxito hasta que “Dylan sube al estrado y se sitúa ante el viejo piano vertical, un trasto que durante años sólo se ha utilizado para interpretar idioteces de clase media con sonido de las grandes orquestas de los años treinta y cuarenta. Se sienta, planta sus dedos huesudos sobre el marfil y empieza a aporrear una versión de Simple Twist of Fate. Aquí esta él. El maestro incendiario. En cinco minutos aquel lugar echa humo. Las señoras saltan y se remueven a fondo en sus corsés. El piano entero tiempo y parece a punto de salirse de la tarima de madera con esos saltos. El tacón de la bota vaquera de Dylan abre un agujero en el suelo. Aparece Roger McGuin con su guitarra, Neuwirth, toda la banda se une a ellos hasta que revientan todas las moléculas del aire del local. Esta es la verdadera magia de Dylan. Dejando a un lado por un segundo su genio lirico, hay que contemplar la transformación de energía que lleva dentro. Hace solo unos minutos este lugar tenia una atmosfera mortalmente espesa de tensión y de incomodidad, y ahora, en un momento, le ha quitado el tapón. Ha inyectado en la sala una emoción vivificante de gran fuerza. No es el tipo de energía que aparta a la gente de las profundidades, sino de la que aporta coraje y esperanza y sobre todo trae al primer plano la vida que late. Si es capaz de hacer esto aquí, en el puro invierno, en un hotel de la costa fuera de temporada y repleto de menopausia, no es ninguna sorpresa que pueda conmover a toda la nación”


Scorsese enmarca la época en clave política con la dimisión de Nixon, o la celebración del bicenteranio de Estados Unidos, aniversario que recuerda Sam Shepard, “no les importaba un comino” a Dylan y la banda. Y junto a esta estructura narrativa bien llevada del director italo-americano, la música que impregna las dos horas y veinte minutos del concierto. Ya era conocida por el doble CD que se publico hace casi 20 años, así como por piratas de Renaldo y Clara, y que ahora se ha editado en 14 discos que recogen toda la gira completa. Fantásticas las versiones eléctricas de A Hard Rain`s A-Gonna Fall, It Aint´t Me Babe o el propio Hurricane. Deliciosa la versión en solitario de Simple Twist of Tate, I Shall Be Released con Báez, o la espasmódica Knockin´on Heaven´s Door con Roger McGuinn, participante en la versión original de 1973 al rodar Pat Garret y Billy the Kid. Maquillados con mascaras y ojos muy abiertos como zombis no parecen creer que les abran las puertas del cielo para fortuna de la desmadrada banda. Posiblemente el concierto de Dylan más potente que haya sido filmado, donde la entonación de las letras esta muy cuidada y donde parece respirarse un ambiente muy relajado y divertido de una gira nada habitual en el mundo del rock. Una especie de grupo numerosos de juglares errantes o como dice Dylan de actores-músicos de la historia del arte italiana. De ahí la relación con la representación continua. Y ahí sigue 40 años después con la gira interminable. M4

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