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El sermón del Bufón. Albert Boadella. Teatro Talía, Valencia. Teatro Marquina, Madrid. 2017

OMAU - Málaga

Cultura


El sermón del Bufón. Albert Boadella. Teatro Talía, Valencia. Teatro Marquina, Madrid. 2017

La irreverencia absoluta ha sido la señal de identidad del cómico catalán, desde los largos años con Joglars, hasta sus trabajos en los Teatros del Canal. Si alguien se ha podido confundir con sus preferencias políticas como impulsor de un nuevo partido político hace ya diez años y sus peleas con los nacionalismos, principalmente el catalán, con cierto adocenamiento intelectual, está totalmente equivocado.

Boadella sigue tan asilvestrado como siempre, con la ventaja que le dan los años para hacer un recorrido por sus más de 50 años de trabajo y diferenciar en apariencia lo que hace el más dócil Boadella frente al sarcástico Albert. Simples escusas, ya que, como él afirma en escena, la verdadera razón de su comportamiento está en función de cómo se levanta cada mañana, asumiendo las contradicciones de que un día dice una cosa, y otro día otra. Asumir esa contradicción intrínseca a varias personalidades en un solo cuerpo debe relajar mucho, al tiempo que elimina pensamientos sobre la coherencia de cada uno. Si no hay coherencia, algo quizá inherente a un titiritero, la vida puede ser más feliz.

Sin embargo, esa es una vía de escape como cualquier otra, ya que sí hay una coherencia en su discurso teatral y ahora musical. Las imágenes que acompañan al sermón que desde un púlpito realiza Albert o Boadella nos hablan muy claro de los objetivos de escarnio que a lo largo de los años ha manifestado.

La Iglesia siempre ha tenido un lugar destacado como foco de las críticas más feroces. Con Teledeum, la gran mayoría de los obispos le dedicaron homilías como sacrílego, y fue objeto de manifestaciones y alentados de los beatos más recalcitrantes.

La Torna y su visión de un ejército arcaico y corrupto, su segundo foco clásico, le supuso un consejo de guerra y el exilio en París en pleno 1977. Puede parecer una situación de otro tiempo, pero no es así, el pensamiento único puede procesar a un tuitero o a un rapero hoy en día por supuesto enaltecimiento del terrorismo (SIC) o por una crítica demasiado ácida a las fuerzas de orden público.

Los políticos, con especial dedicación al nacionalismo de su país, memorable la divertidísima parodia de Jordi Puyol, fue un nuevo objetivo con el paso del tiempo. Sin duda como consecuencia de que la antigua oposición, ya en el poder, no ríe con tanto disfrute como antes, incluso su sarcasmo le molesta mucho. Ver lo imaginario, lo que no existe, lo representó de manera magistral y critica en el Retablo de las Maravillas, adaptación de Miguel de Cervantes. Boadella firma sin rubor que para los titiriteros es una suerte tener diligentes tan ridículos (Ubu president).

El Retablo también enlaza con la prensa o los periodistas, principalmente los tertulianos, a los que Boadella o Albert conduce también sus mofas despiadadas (véase Zenit la última obra de Els Joglars: “la realidad a su medida”, también recién estrenada en Madrid y que paso por Málaga hace ya unos meses).

Si la obra, que transcurre en un suspiro, durante algo más de las casi dos horas que dura, seguramente el elenco de ambientes satirizados hubiese sido mucho más amplio, como ya vimos durante años en sus representaciones.

Solo en escena, muestra una excelente expresión corporal, ágil y armónico en los movimientos y mimos que representa de forma sublime. El contacto con el público es cordial y caluroso en muchos momentos, tiene todavía una importante corte de seguidores que se divierten con su continua sátira de los meapilas de todos los ámbitos, como socarronamente los define. No hacen demasiado caso a las habladurías de los otros Albert o Boadella, se quedan con lo que ven y oyen en escena, lenguaje no apto para dogmáticos. Purgandus populus. Heinz.

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