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Se desataron todos los infiernos

OMAU - Málaga

Cultura


Continente salvaje

Se desataron todos los infiernos

Se desataron todos los infiernos. Max Hastings. Crítica. Barcelona. 2012.

Continente salvaje. Keith Lowe. Galaxia Gutemberg. Barcelona. 2012.

Después del Reich. Giles Macdonogh. Barcelona. 2010.

Vida y Destino. Vasili Grossman. Galaxia Gutemberg. Barcelona. 2007.

El libro negro. Vasili Grossman e Ily’a Ehrenburg. Galaxia Gutemberg. 2011.

La segunda guerra mundial. Antony Beevor. Pasado&Presente. Barcelona. 2012.

 

Nuestras guerras modernas causan la infelicidad de muchos mientras duran, y la felicidad de nadie cuando se han terminado”. Goethe

En los últimos años se han publicado una cantidad considerable de libros sobre la segunda guerra mundial, interminable fuente literaria y fílmica, que a diferencia de los relatos convencionales donde se ponía el énfasis en las batallas militares, se vuelcan sobre las consecuencias de la guerra en las personas civiles y en los soldados, en la recopilación de sus sensaciones y experiencias a lo largo de casi seis años.

Más de cincuenta millones de personas murieron en la SGM, civiles en una gran parte. El centro del conflicto, el frente oriental (de los 5,3 millones de soldados alemanes muertos, 4,7 millones lo fueron allí, el 88%) supuso la destrucción completa de miles de ciudades y pueblos, la muerte de 27 millones de soviéticos, varios millones de polacos, yugoslavos, rumanos o griegos (415.000 muertos de una población de 7 millones), casi seis millones de judíos de forma sistemática en los campos de exterminio, 150.000 deficientes mentales y 10.000 hombres homosexuales. Comparativamente el frente occidental y del norte de África, las cifras fueron mucho menores, 600.000 soldados alemanes, 300.000 franceses, 380.000 británicos y 250.000 norteamericanos.

La devastación de ciudades alcanzo imágenes nunca conocidas por la humanidad, a los bombardeos de Varsovia, Amsterdam, Coventry o Londres, siguió la destrucción completa de más de 150 ciudades alemanas, donde el 50% de la viviendas fueron destruidas. La desolación, se es imaginable, fue todavía mayor en Polonia o la Unión Soviética donde más de 10 millones de civiles perdieron la vida de la forma más salvaje y espantosa.

Algo más de 12 millones de alemanes fueron expulsados de los territorios que había poseído el Reich al este del rio Oder, y engrosaron la inabarcable bolsa de errantes sin destino. Polonia, el motivo central por el que los aliados occidentales entraron en guerra, fue abandonada a su suerte en manos de Stalin. Cientos de miles de judíos, muchos de ellos supervivientes del Holocausto, fueron repudiados cuando intentaron volver a sus antiguos hogares de Varsovia, Budapest o Praga. Ni el Reino Unido, ni Estados Unidos hicieron tampoco gran cosa por acogerlos, terminando la mayor parte de ellos en Palestina. El antisemitismo no era algo únicamente alemán, si no que estaba arraigado en la cultura cristiana, católica, luterana o ortodoxa.

Once millones de soldados presos alemanes estuvieron trabajando en obras de infraestructuras en Francia, Holanda, Reino Unido, Canadá, Estados Unidos hasta 1948, y en la Unión Soviética hasta 1956. En los años terribles de la posguerra cientos de miles de personas murieron de enfermedades, de frio o simplemente de hambre.

El maltrato a los civiles que iniciaron las tropas alemanas en el este de Europa, tuvo su venganza con la invasión soviética. Se calcula que  dos millones de mujeres alemanas fueron violadas por las tropas rusas. No se libraron ni las judías del hospital de Wedding junto a Berlín. Los soldados sin distinguir a las mujeres que supuestamente liberaban del terror nazi exclamaron: “frau ist frau”. Los aliados occidentales tampoco tuvieron demasiados escrúpulos en hacer uso de la violencia sexual en Alemania, aunque con el tiempo su gran surtido en equipamiento alimenticio, el alcohol o el tabaco eran formas de intercambio más “amables” de las que los soviéticos no podían hacer uso.

   Piojos chinches chinches piojos
   Pulgas aun mas que piojos
   Ratas moscas y mosquitos
   Chuscos secos y roídos

   Polvo y barro sin jabón
   Todo suciedad y hedor
   No hay fe no hay esperanza
   No hay luz a tientas se anda

  Por camastro dos tablones
  Por colegas, rezongones
  Por sueño, cientos de carros
  De combate americanos

  Felicks Lachaman, prisionero polaco

El cinismo anglo-americano, Stalin tenía muy claro su objetivo, en defensa de la libertad es narrado con frecuencia y alcanza limites sonrojantes para Churchill o Roosevelt. El caso polaco es el más relevante, como su distanciamiento del problema judío. Los ataques al racismo alemán de los diligentes aliados debieron dejar confusos a las tropas negras americanas que cuando volvieron a Estados Unidos, volvieron a ocupar la parte trasera de los autobuses o sus “exclusivos” wáter en hoteles y bares. ¿No era eso lo que empezaron a hacer los nazis con los judíos en 1938?

Los relatos de los civiles son escalofriantes. Conocemos los sufrimientos de los ciudadanos del este, por los magníficos libros del periodista ruso Vasili Grossman que siguió a las tropas soviéticas durante toda la guerra, y que con una calidad literaria deslumbrante nos describe primero la retirada rusa hasta Moscú y Stanlingrado, y luego el viaje de vuelta hasta Berlín. Muchos más relatos occidentales muestran el sufrimiento de la población alemana por los bombardeos devastadores que poco influyeron en el curso de la guerra pero que produjeron la muerte a y la destrucción a millones de personas. Por hechos similares los aliados acusaron de crímenes de guerra a los militares alemanes presos.

Al final, la consecuencia de una gran guerra dividida en dos partes, la primera 1914-1918, y la segunda 1939-1945, fue no solo la pérdida de decenas de millones de personas, de infraestructuras urbanas y rurales, del patrimonio histórico, si no de una forma de entender la cultura y las relaciones humanas que tenía en el centro de Europa un baluarte. Como señaló Stefan Zweig  el viejo intercambio de ideas y de cultura de la Europa central fue barrido por la intolerancia y la violencia. No solo desapareció como forma de pensamiento, si no físicamente fueron masacrados o tuvieron que huir los pocos que lo consiguieron. Europa salvaje, que en el siglo XXI no acaba de aprender. M4

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