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El desplome de la republica. Angel Viñas y Fernando Hernández Sánchez. Critica. Barcelona. 2009

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El desplome de la republica. Angel Viñas y Fernando Hernández Sánchez. Critica. Barcelona. 2009

El tortuoso final de la guerra civil española es un capitulo de nuestra historia reciente poco conocido, pese a la importancia que tuvo para la organización de la oposición a la dictadura durante casi cuarenta años. Los hechos acontecidos entre la caída de Catalunya, el golpe de Casado y el final de la guerra influyeron de manera determinante los caminos de los diferentes partidos que compusieron el gobierno de la republica, y sus efectos no solo duraron hasta la transición política de los setenta, principalmente entre las relaciones PSOE-PCE, sino que todavía en el escenario político actual se pueden apreciar. O dicho de otra manera, es que quizá no hemos cambiado demasiado en los setenta años transcurridos. El año 1939 fue un año importante del siglo XX. Importante y maldito. Ese año la guerra civil española llegaba a su fin después de casi tres años. La republica española fue la única institución que planto cara a los movimientos fascistas luego organizados entorno al Eje, con lo único que les podía parar: con las armas. Ni Checoslovaquia, ni antes Austria, movieron un dedo para impedir la ocupación alemana, ni tampoco lo hicieron el Reino Unido, ni Francia.El final de la contienda española fue duro y sórdido porque durante muchos años se alimentaron falsedades entorno al comportamiento erróneo de Negrin, presidente del consejo de ministros desde 1937, y al del PCE, acusado también de manejar los hilos del gobierno de la republica en contubernio con el Comitern Soviético. Viñas y Hernández muestran algo que ya se conocía desde algún tiempo, y es la falacia de esas acusaciones, curiosamente pregonadas tanto desde posturas franquistas como del partido socialista o de las agrupaciones anarquistas. Tras la caída de Catalunya, el final de la guerra se veía cercano, aunque todavía quedaba una parte importante de territorio en manos de la republica, Madrid y Valencia como capitales, el ejercito se encontraba en una posición delicada, y sobre todo cundía el desanimo y el cansancio por los años de guerra. Esta actitud la compartían tanto la población como la mayor parte de la clase política. La resistencia hasta el final parecía que había llegado, lo que se trataba era de hacerla coherente con el espíritu de la republica, y con la necesidad de evacuar o proteger a la mayor cantidad de gente posible. Muchas veces se ha pensado que por unos meses no se enlazaron la guerra española y la segunda guerra mundial que comenzó en septiembre con la invasión alemana de Polonia. Difícilmente se podría haber llegado a ese momento, primero porque las reservas de la republica de armamento y alimentos estaban en niveles muy bajos, y posiblemente, sin nuevos suministros, no hubiesen dado ni para un mes más. Por otra parte Hitler no hubiese comenzado la invasión polaca en 1939, teniendo abierta la guerra española. Se trataba de hacer un final lo menos duro para la causa de la republica que se pudiese conseguir. Para ello no ayudo en nada, sino todo lo contrario, la dimisión de Azaña, presidente de la republica, así como la posición claramente derrotista de los principales dirigentes de un destrozado partido socialista. La idea del socialista Negrin, que en último tramo de la guerra casi únicamente tuvo el apoyo del partido comunista, era la de ir poniendo fin a las hostilidades, sobre todo después del reconocimiento de Franco por Reino Unido y Franco, de una forma ordenada. Esa era su intención a través de un discurso que anunciado para principios de marzo de 1939 nunca llego a producirse por el golpe de estado del coronel Casado (responsable del ejercito en Madrid) que constituyo la Junta de Defensa con la ayuda de Besteiro, uno de los principales responsables del PSOE, la CNT y el partido sindicalista. Los desafortunados combates de la nueva Junta contra los comunistas durante varios días en Madrid es una de las secuencias más terribles de la guerra y que harían sonreír a los otros golpistas, los franquistas. Una guerra civil dentro de una guerra civil. Ante esta situación Negrin poco podía hacer, ya que no era cuestión de mantener el enfrentamiento con los propios compañeros del partido socialista y del gobierno de la republica. La partida de Negrin para Francia, y la inhibición o encarcelamiento de los principales responsables comunistas, permitió a Casado continuar las negociaciones con Franco que ya había iniciado por su cuenta y junto con Besteiro semanas antes de la retirada de Negrin. Es importante ver las proclamas del partido socialista o de la CNT de apoyo a Casado, que Angel Viñas reproduce en un CD que acompaña al libro, y en las que se expresan infantiles promesas de una paz tranquila y sin rencores por parte de los vencedores. Todo ello quedo en nada, Franco humillo a Casado y a la Junta, no les permitió ni la mínima concesión, y muchos de los que lucharon con Negrin en la esperanza de encontrar clemencia, fueron fusilados de inmediato cuando a final de marzo Franco ocupo la península completa sin combates. Sin embargo el daño hecho por Casado y sus compañeros a la republica, no solo fue considerable al evitar que numerosas personas cayeran en manos de los franquistas, evitando un final de la guerra más ordenado como pensaba Negrin, sino que en la posguerra todavía se mantuvo esa posición. Negrin y una treintena de socialistas fueron expulsados del PSOE, y no fueron readmitidos hasta 2008 (! ). Tanto el fin de Casado y Besteiro, y el de Negrin era el mismo, la diferencia es considerable, hacerlo desde la legalidad republicana y de forma ordenada, o con la ignominia de un golpe de estado contra tus propios compañeros, totalmente contraria al espíritu de la republica que había impregnado la coalición de fuerzas contra el golpe de julio de 1936, y unos resultados nefastos en la conversaciones y rendición final con los franquistas. La historia pone a cada uno en su sitio, y Negrin ha recuperado la grandeza que tuvo, pese a sus errores, al dirigir de forma consecuente la republica. El PCE también queda bastante bien librado en los ajustes con la historia, ya que fue fiel hasta el final con la estructura republicana. No se puede decir lo mismo de la CNT y otras asociaciones anarquistas que continuaron empleando la más sórdida verborrea en los momentos previos a la rendición. El dividido partido socialista, sobre todo Besteiro, tampoco salieron muy beneficiados del desplome final. Socialistas como Eduardo Buil ya entonces fueron muy críticos con la posición de Besteiro en el golpe, al que la ejecutiva nacional no había apoyado en ningún momento, y aún así “se implico en un acto de fuerza cuyas consecuencias iban a ser funestas para todos…” . Excelente investigación histórica, sin contenidos mediáticos, que utiliza nuevas fuentes puestas a disposición de historiadores principalmente en el archivo del Comitern, y  a través del casi desconocido informe del PCE a Stalin de verano de 1939. PMC

 

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