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Providencia y austeridad

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Providencia y austeridad

Dos años después del violento cambio de política económica que los “mercados” y sus socios de la Unión Europea impusieron a España y al resto de países en problemas económicos, parece que se vuelven a abrir paso, tímidamente, las viejas olvidadas políticas keynesianas de fomento de la inversión pública. Con casi seis millones de parados, la política de austeridad, que no conoce de referencias académicas, empieza a cuestionarse como se ha hecho en esta página web durante todo este periodo.

Parece increíble que las propuestas de déficit cero se hayan impuesto en los gobiernos de Europa, sin un mínimo soporte empírico, apropiándose incluso a través de la tergiversación de los postulados clásicos de Adam Smith o Stuart Mill. En algunos momentos ha parecido que la única política económica existente era la manejada por los “diktiert” alemanes o los burócratas financieros.

Keynes, de forma muy acertada, describió los años treinta con paralelismos con la actualidad: “un estado crónico de actividad inferior a la normal durante un periodo de tiempo considerable, sin tendencia marcada ni hacia la recuperación ni hacia el hundimiento completo”.

Como señala Krugman en su último libro (Acabad ya con esta crisis!), deberíamos conocer la historia y los análisis académicos para solventar los problemas de hoy, pero se ha optado por los prejuicios ideológicos y políticamente convenientes. El premio Nobel señala con sarcasmo que el saber convencional lo ocupan “gente muy seria”, políticos y funcionarios públicos de primer nivel, empeñados en instaurar políticas de austeridad y de destrucción de empleo. Pero sin ninguna razón económica comparada, y con mucha frivolidad y falta de preparación. No en balde muchos de ellos provienen de entidades que estuvieron en el comienzo del lio como Lehman Brothers o Goldman Sachs.

La austeridad como instrumento de política económica se convertía simultáneamente en un medio y un fin. Casi como un “proceso natural” procedente del Mercantilismo que dio paso a la Economía Clásica, y de allí a la actualidad. El mesianismo político occidental tiende a confundir sus criterios como descendientes de la Providencia, como algo natural, consustancial con la historia. La intolerancia cristiana que se impuso en Roma, pretendió siglos después llevar el modelo occidental a todo el planeta, desde las cruzadas contra los infieles, la época colonial española, francesa o británica, pretendían recuperar el alma de gentes subdesarrolladas.

El movimiento comunista tampoco se libro del mesianismo político, que hoy en día capitanea Estados Unidos y sus aliados y que en acertada frase de George Bush, ha sido asimilada por Obama: “actuaremos activamente para llevar la esperanza de la democracia, del desarrollo, del libre mercado y del libre comercia a todos los rincones del mundo”. Curioso entendimiento de lo que significa democracia.

Desgraciadamente se emplean términos fútiles y  mal interpretaciones clásicas para justificar políticas económicas con la mayor complacencia y autosatisfacción, creando el desasosiego en millones de personas. Incluso la costosa creación de la Unión Europea se tambalea cuando se imponen Primeros Ministros  tecnócratas, no elegidos en Grecia e Italia (en el primer caso después de obligar a suspender un referéndum sobre las medidas impuestas por la UE y el FMI).

El sentido democrático de la vida cotidiana se cuestiona con la imposición de los dictados de la Providencia, recuperando el sentido fetichista que las economías desarrolladas han llevado a cabo en los últimos sesenta años y donde se refuerza la idea de enajenación social, lo que Marx llamó “alineación” ya en 1848. Providencia y Alineación.