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La errática del cambio continuo

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La errática del cambio continuo

En las últimas semanas son muy frecuentes los artículos periodísticos y de opinión en los que analistas de diversos medios de comunicación alertan y reflexionan sobre la reducción a pasos agigantados del nivel de confianza de los mercados hacia España. Existe la opinión generalizada y fundamentada de que España se ha convertido en una preocupación y lo español ha pasado a estar bajo sospecha en los mercados. Ramón de Miguel, directivo de Iberdrola, ilustra muy gráficamente esta situación, tal y como recoge el diario SUR en su edición del 20 de mayo, cuando comenta: “Últimamente, cada vez que hacemos un road show (gira) para presentar nuevos proyectos y estrategias, los inversores nos preguntan más por España que por nosotros mismos”.
Tal y como explica Bruno Pérez desde las páginas de SUR, este fenómeno se denomina riesgo-país y, aunque tradicionalmente se asocia a Estados caracterizados por una marcada inestabilidad social o institucional, también golpea a otros estables cuando las circunstancias económicas empeoran significativamente.

El ofrecimiento por parte del Gobierno español para que sean auditores externos los que finalmente auditen la cartera inmobiliaria española de la banca española en lugar del supervisor natural que sería el Banco de España, ha sido probablemente el reconocimiento más explicito de que la última reforma financiera ha caducado apenas un par de semanas después de nacer.

Amanda Mars, desde las páginas de El País, también el 20 de mayo, es aún más crítica y califica de “guión maldito” la situación de desagradable rutina que vive España desde hace meses. “España anuncia recortes los viernes para calmar a los mercados y estos la sacuden los lunes”, sostiene Mars. En su opinión “algo se ha roto” en una economía en la que jubilados de 70 años preguntan por la prima de riesgo y por su pensión, en la que ciudadanos de a pie empiezan a plantearse cambiar de banco para evitar riesgos o dónde un ministro tiene que salir a rebatir a un Nobel de Economía sobre los riesgos de un corralito financiero.

El economista José Carlos Díez, cree la actuación de España ante la crisis no ha sido la correcta, puesto que debería haber optado por una estrategia de bajo perfil, en la que el protagonismo se lo llevara Italia y sobre todo, en la que no se nos asociara con los países intervenidos. No se ha hecho así y ahora la deuda española supera en 50 puntos a la italiana.

También en las páginas de El País del 20 de mayo, Luis Garicano, profesor de la London School of Economics, se plantea qué tipo de rescate se le puede ofrecer a España. En su opinión, un rescate a la griega no le iría bien a España puesto que lo rescates sin fin no harían más que, en su entender, agravar la situación y sacar a España de los mercados sine die. Para Gariano, el principal problema para aplicar soluciones inmediatas, radica en el creciente vínculo entre el Estado y el sector financiero, de tal forma, que los bancos y las cajas son ahora los únicos agentes dispuestos a prestar dinero al Estado, y lo mismo sucede al contrario. Es decir, el Estado es la única fuente de capital que le queda al sistema financiero, tras la huida de todos los posibles inversores extranjeros y locales.

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